¿Optimismos o depresivos por naturaleza?
Octubre 25, 2007

El futuro para la mayoría de las personas piensan en vivir largo tiempo y tener más éxito. Casi nunca pensamos en enfrentarnos a una separación de pareja o padecer una enfermedad terminal. Un grupo de científicos de la Universidad de Nueva York acaban de descubrir la zona del cerebro donde reside esta tendencia natural al optimismo. Es una red de neuronas que se hayan enla corteza cingulada anterior a la amígdala. Según publicación de la revista Nature, precisamente esta zona es la que perturba cuando sufrimos depresión.
El equipo de investigadores por el momento llegan a esta conclusión tras experimentar los cerebros de 18 voluntarios con el apoyo de un aparato de resonancia magnética funcional mientras se imaginaban en situaciones en ganar la lotería o terminar una relación amorosa. “Las investigaciones aportan que, mientras nuestro pasado está restringido. el futuro está abierto a interpretaciones, lo que nos permite distanciarnos de posibles acontecimientos negativos y atraer positivos” comentan la profesora en psicología Elizabeth Phelps, ” Si podemos tener mayor información de como funciona esta zona del cerebro, sabremos que el optimismo es critico porque esta relacionado con nuestra salud física y mental pero el pesimismo por el contrario esta es causa de la depresión y de las enfermedades físicas”
A la vista de los resultados, el neurofisiólogo australiano Marcello Costa considera que este trabajo reduce la tradicional separación entre cerebro y mente. En el contexto actual, dice Costa, las últimas investigaciones confirman el papel esencial que juegan las tendencias emocionales en nuestra “vida mental cotidiana”, ya que se ha demostrado que “estados aparentemente diferentes como la autorreflexión, las esperanzas y los sueños, nuestras preferencias y los juicios sobre la honradez de los demás están asociados a las mismas regiones cerebrales: el córtex frontal y la amígdala”. No obstante, recuerda el investigador, ubicar tendencias como el optimismo o el pesimismo en regiones concretas del cerebro es sólo el primer paso para entender cómo funciona realmente nuestro órgano pensante.
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